sábado, 13 de noviembre de 2010

In(cons)Ception

 Carlota Cánovas Cúneo
 Grupo 12


Creamos el mundo del sueño. Introducimos al sujeto en ese sueño y éste lo llena con sus secretos” Cobb (L. DiCaprio).

El mundo de los sueños y del subconsciente humano es algo que desde hace tiempo nos ha preocupado, tanto por fines económicos como científicos. De hecho hoy en día, la publicidad ha hecho de nosotros simples compradores mediante los famosos “mensajes subliminales”, o mecanismos que nos resultan imperceptibles a simple vista.

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En Origen (Inception en su versión original), Christopher Nolan trata el tema del subconsciente ligado a los sueños, mediante una trama donde no falta la acción, intriga y rebelión (al ser ilegales las prácticas). Cobb es el maestro en el arte de extraer secretos del subconsciente durante el estado de sueño que es cuando la mente se encuentra más vulnerable. 


El planteamiento de la película nos hace reflexionar sobre el poder que tiene la mente del ser humano, la capacidad que tenemos de soñar y sobre todo, la incertidumbre del hombre frente a la diferencia del estado de sueño y vigilia, esa duda que hace plantearnos si todo lo que vemos es cierto/real que tanto preocupó a Descartes, entre otros. Es justamente esa duda la que incita al ser humano a realizar saltos abismales, a traspasar los límites de lo aparente, movido únicamente por ideas. Ideas que son ese nexo que une la realidad con la imaginación, que permite avanzar al hombre hacia lugares inexplorados, que permite proyectar y abrir nuevos horizontes una vez se lleva a cabo.
En la película de Nolan, se observa cómo los “ladrones” de secretos tienen sus propios tótem para evitar confundir el sueño con la realidad. Nosotros no tenemos tótem, ni creamos estructuras laberínticas a priori, pero si tenemos sueños, a veces tan realistas que puedes sentir el dolor de esa “patada” (que te devuelve a la realidad en la película), el sufrimiento, la angustia, etc. y esas sensaciones son reales...¿o quizá no?.

A efectos prácticos, no nos damos cuenta de nuestra debilidad: el subconsciente actúa en cuanto ve una rendija que no está sometida a ninguna regla programada por nuestra mente, esto es, cuando nuestra mente en pequeños actos, se libera, de forma inconsciente, inapreciable por nosotros. Somos capaces de engañar a nuestra mente y crear leyes u horarios internos en un estado endeble, y justamente en Origen es lo que ocurre: engañan al sujeto del que quieren extraer información creando estructuras, creando un mundo similar al real, haciéndole creer que es empírico.

Nolan, como hizo ya con Memento, nos crea una aparente confusión, queriendo hacer partícipe al espectador mediante la reflexión, en este caso sobre la importancia del subconsciente y a la vez de la vulnerabilidad del ser humano precisamente por esa importancia que cobra la fase inconsciente en el hombre. No podemos olvidar reconocer el acierto de Nolan al escoger a Hans Zimmer para la composición de la banda sonora, que otorga ese matiz que hace de Origen una película de mayor calidad.
 

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